No juntes a los dos gatos nada más llegar. Una introducción gradual permite que cada uno conozca el olor y la presencia del otro sin perder acceso a sus recursos. El ritmo depende de sus reacciones; avanzar despacio suele ser más útil que fijar una fecha para que «sean amigos».

Fase 1: territorios separados

Deja al gato nuevo en una habitación preparada con agua, comida, arenero, refugio y rascador. El residente conserva sus rutinas y el acceso a sus lugares habituales. Ambos deben poder comer y descansar sin tener que cruzarse. No acerques transportines para obligarlos a olerse ni coloques al recién llegado en brazos frente al otro.

Cuando los dos estén tranquilos, intercambia mantas o paños con su olor. Observa si investigan el objeto con calma o si se retiran tensos. También puedes dejarles explorar, por turnos y sin verse, zonas donde el otro haya estado. La intención es hacer familiar el olor, no provocar una reacción intensa.

Fase 2: verse con una salida segura

Permite un contacto visual breve a través de una barrera segura cuando ambos sigan comiendo, jugando y usando el arenero con normalidad. Mantén distancia suficiente y termina antes de que aparezca tensión. Una mirada fija, cuerpo rígido, bufidos persistentes o bloqueo del paso indican que conviene volver a una etapa anterior. No castigues los bufidos; son información sobre su incomodidad.

Fase 3: encuentros supervisados

Abre el espacio durante periodos breves, con rutas de escape y lugares altos disponibles. Ofrece recursos en distintos puntos de la casa. Cats Protection aconseja, como referencia para hogares con varios gatos, uno de cada recurso esencial por gato y uno adicional, colocados en ubicaciones separadas. No basta con poner dos comederos pegados: podrían seguir compitiendo por la misma zona.

La meta inicial es que convivan sin perseguirse ni bloquearse, no que duerman juntos. Puede haber gatos que toleren al otro sin formar un vínculo estrecho. Si aparecen peleas, lesiones, rechazo del arenero, miedo sostenido o cambios en el apetito, sepáralos y consulta con un veterinario o profesional cualificado en comportamiento felino. Forzar nuevos encuentros tras un conflicto puede empeorar la convivencia.

Fuentes consultadas

Esta guía ofrece información general. Si observas síntomas, dolor o un cambio brusco en el comportamiento de tu animal, consulta con un profesional veterinario. Conoce nuestro método editorial.